Dólar Oficial
$1.530
Dólar Blue
$1.545
Dólar Tarjeta
$1.989
Euro
€1.756,52
Real
R$296,91
Azúcar Tucumán · 50kg
$36.315
Azúcar Int. · Londres N5
US$24,707
Azúcar Int. · EEUU N11
US$423,29
Bioetanol de caña ($/L)
1.072
Bioetanol de maíz ($/L)
982.976

La conmemoración del Día de la Industria de 2026 deparó un adverso escenario de contracción estructural para la economía argentina, caracterizado por una marcada capacidad industrial ociosa, el hundimiento de la construcción, el retroceso del comercio y una severa destrucción de puestos de trabajo en el sector privado registrado. Sin embargo, en el marco de este relevamiento multisectorial que compara el desempeño del primer semestre de 2023 con el de 2026, la provincia de Tucumán se consolida como la gran excepción nacional al registrar la mayor tasa de expansión del empleo de todo el país, contraponiéndose a la recesión sistémica que asfixia a la mayoría de los distritos federales.
De acuerdo con el informe titulado "Día de la Industria 2026. ¿Estamos mejor?", elaborado por la Fundación Encuentro en septiembre de 2026 sobre la base de datos oficiales del INDEC, el SIPA, la AFCP y CAME, la realidad del mercado de trabajo expone un drástico contraste territorial. El estudio, al que tuvo acceso Tendencia de Noticias, revela de forma categórica que, mientras el país sufrió un marcado ajuste de personal, “de las 24 jurisdicciones del país, apenas cinco ganan empleo: Tucumán (+8,3%), Neuquén (+6,8%), La Rioja (+1,2%), San Juan (+0,7%) y Río Negro (+0,5%)”.

El crecimiento del 8,3% en la dotación de asalariados registrados sitúa a Tucumán a la vanguardia de la generación de empleo en la Argentina, logrando un comportamiento contracíclico frente a la mayor parte del territorio nacional (al sumar 12.800 puestos laborales en el período), donde “las diecinueve restantes lo pierden, con casos extremos como Santa Cruz (-18,7%), Tierra del Fuego (-17,4%) y Chubut (-14,6%)”. La magnitud de la crisis del empleo formal asalariado a escala federal se evidencia al constatar que, entre diciembre de 2023 y mayo de 2026, la masa de trabajadores registrados del sector privado “cayó de 6.382.700 a 6.108.100 puestos”, consolidando la destrucción de “274.600 empleos formales menos, una caída del 4,3%”. De ese preocupante total nacional de puestos suprimidos, la provincia de Buenos Aires asumió el mayor costo relativo al perder un total de 100.900 puestos.
A nivel nacional, el aparato productivo exhibe índices de parálisis sumamente críticos al comparar los promedios del primer semestre de 2023 con los de 2026. El estudio de la Fundación Encuentro destaca que el indicador más directo de esta realidad es la Utilización de la Capacidad Instalada (UCI) medida por el INDEC: “En el promedio de enero a junio de 2023, la industria funcionaba al 66,6% de su capacidad; en el mismo semestre de 2026 opera al 57,6%”. Esta merma de 9 puntos porcentuales equivale a una reducción del 13,5% en términos relativos, dejando en claro que “la industria argentina opera muy lejos de su techo de producción”.

La contracción fabril es de carácter sistémico y abarca a casi todas las ramas de actividad. De los 12 bloques sectoriales que releva el INDEC, 11 muestran hoy peores niveles de operación que hace tres años. Entre los sectores más resentidos se encuentran:
La industria automotriz, que cayó del 59,6% al 41,7%.
La metalmecánica no automotriz, que retrocedió del 55,4% al 38,0%.
Los productos textiles, que descendieron del 53,7% al 39,2%.
El único bloque que reportó mejoras operativas fue el de refinación de petróleo, al avanzar del 84,6% al 87,3%, aunque el documento aclara que se trata de “un sector capital-intensivo que emplea comparativamente poca mano de obra”.
Esta parálisis se complementa con los alarmantes datos del Índice de Producción Industrial (IPI Manufacturero), que mide el volumen físico producido. El promedio del primer semestre pasó de 129,7 puntos en 2023 a 114,1 puntos en 2026, registrando una caída del 12%. Dentro de este indicador, 13 de los 14 bloques sectoriales se encuentran en terreno negativo, liderando el derrumbe los sectores de productos textiles con una baja del 34,0%, maquinaria y equipo con una merma del 33,4%, y otros equipos e instrumentos con una contracción del 30%.

El desplome generalizado de la construcción y el comercio
La recesión de la economía real se extiende de manera indiscutible a otros dos sectores clave para el sostenimiento de las familias argentinas: la construcción y el comercio. En el caso de la construcción, el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) promedió 153,1 puntos en el primer semestre de 2023 contra 132,6 puntos en el mismo ciclo de 2026, consolidando una caída del 13,4%, lo que representa “la contracción más profunda de todo el índice”.
El retroceso se corrobora de forma física a través de los despachos de cemento, los cuales mostraron un desplome del 24,2% al pasar de una media mensual de 1.029.965 toneladas en 2023 a 780.201 toneladas en 2026. Este freno de la obra pública y privada arrastró de manera directa a la actividad de los productos minerales no metálicos, la cual registró una sensible caída del 25,7%.

Asimismo, el consumo doméstico refleja el impacto de la pérdida de poder adquisitivo de los hogares. El comercio mayorista, minorista y de reparaciones retrocedió un 5,6% según las mediciones del EMAE, mientras que el índice de ventas minoristas de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), enfocado en comercios de cercanía, acusó un marcado desplome del 11,9%.

Frente a la generalizada retracción, el informe de la Fundación Encuentro analiza con rigurosidad técnica los únicos cuatro rubros de la economía nacional que exhibieron variaciones estadísticas positivas en el período bajo estudio: el agro, la minería y petróleo, la intermediación financiera y los impuestos netos de subsidios. Al respecto, el análisis concluye de manera tajante que “ningún componente de este crecimiento se sostiene sin matices: uno es rebote climático, otro es una renta geológica de dos décadas, el tercero es un diferencial de tasas en un contexto inflacionario, y el cuarto es directamente el Estado cobrando más”.
El sector agropecuario: Aunque el EMAE sectorial reportó un salto del 73,5% (pasando de 106,8 en 2023 a 185,3 en 2026), el informe advierte que la base de comparación de 2023 estuvo signada por la peor sequía en generaciones, que afectó a 173 millones de hectáreas y provocó pérdidas calculadas en unos USD 19.000 millones. Al ajustar el crecimiento por este desastre climático frente a un promedio histórico, la expansión real del agro se reduce a un exiguo 11% o 9,8%. Por ello, se enfatiza que “el crecimiento del agro no es señal de una economía en mejor forma, sino la salida de un desastre climático”.
Minería y petróleo: Creció un 31,2% (de 103,6 a 135,9 puntos) explicado por el yacimiento de Vaca Muerta. Sin embargo, este proceso responde a un desarrollo que data de 2014, a los precios internacionales por el contexto bélico mundial y a la inauguración de infraestructura de transporte crítica en 2023 e inicios de 2024, sin que los incentivos de inversión del Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI) hayan comenzado a operar de manera efectiva aún.

La intermediación financiera: Anotó una mejora del 19,7%, pero el documento aclara que el motor de este crecimiento no es el crédito productivo, sino “la diferencia notable entre una tasa nominal anual activa que cobra un banco a un cliente de hasta 120%, con la tasa BADLAR de bancos privados de 21% TNA en junio de 2026”, bajo un marco inflacionario interanual del 34%.
Impuestos netos de subsidios: Mostraron un incremento del 6,9% por la quita de subsidios tarifarios y nuevos gravámenes a los combustibles, traduciéndose en “mayor presión fiscal sobre los hogares y las empresas, no mayor actividad económica”.
A modo de cierre, los investigadores de la Fundación Encuentro concluyen de forma contundente que “capacidad industrial ociosa, producción manufacturera, actividad de la construcción, despachos de cemento, comercio, ventas minoristas y empleo formal registrado son todos peores hoy que hace tres años”. El informe resalta la fragilidad de un modelo que empeora sus indicadores reales sin que se hayan ofrecido explicaciones oficiales al respecto, en contraste con un 2023 que logró sostener su actividad a pesar de enfrentar condiciones climáticas devastadoras.